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sábado, 6 de agosto de 2016

EL FANTASMA SIN CABEZA


Esto ocurrió hace más de sesenta años, en Sauce Norte, municipio rural de Entre Ríos. En ese lugar Don Luis tenía una estancia de varios cientos de hectáreas, que dos veces por semana visitaba en su flamante Ford A. La estancia se encontraba rodeada por bosques de eucaliptos y contaba con una granja y una modesta plantación de lino, atendida por un capataz y seis peones. El día que ocurrieron los hechos, el Ford había sufrido un desperfecto mecánico en el camino, por lo que Don Luis llegó con retraso a la estancia. El Sol ya había comenzado a caer y las sombras de los eucaliptos cubrían gran parte de las plantaciones. Don Luis se apeó del vehículo y uno de los peones nuevos corrió a abrir la tranquera. Cerca del lugar había una vieja trilladora, donde unas gallinas se habían acurrucado a la espera de la noche. Y entonces sucedió algo muy curioso. Las gallinas despertaron y comenzaron a aletear enloquecidas. Salieron disparadas en distintas direcciones, y Don Luis creyó que un perro o algún otro animal las había espantado. Pero en los alrededores no había nadie, aunque una niebla súbita había surgido de las entrañas del suelo. “¿Qué es eso, patrón?”, preguntó el peón nuevo, señalando hacia una sombra que se les acercaba. Y entonces los hombres contemplaron, aterrorizados, una figura blanca que surgía del granero y enfilaba corriendo hacia ellos. Aunque en realidad no corría, porque sus piernas permanecían inmóviles flotando a unos diez centímetros del suelo. La figura llegó a la tranquera y de repente se esfumó, dejando un rastro de niebla detrás de sí. 
    Don Luis comenzó a santiguarse y a rezar un avemaría. Al rato llegó el capataz, quien al escuchar la historia asintió muy serio. 
    “Siempre, en esta época del año, sucede lo mismo”, explicó. “Se trata del Romualdo Reyes, un antiguo peón, viejo compañero mío, que hace mucho murió decapitado. Una plancha de acero cayó del techo del granero y le cortó la cabeza. Yo no estaba presente cuando ocurrió, pero dicen que el cuerpo de Romualdo corrió sin la cabeza unos diez metros antes de caer. Llegó a la tranquera y ahí quedó, aferrado con ambas manos a los alambres”. 
    Cuando Don Luis le preguntó qué habían hecho con el cuerpo, el capataz señaló hacia el bosque de eucaliptos. 

    “Lo enterramos ahí. Aunque nunca pudimos encontrar la cabeza. Había unos perros al momento del accidente, y supongo que se la llevaron. Creo que por eso el espíritu del pobre Romualdo no puede descansar en paz”. 
   Pero Don Luis se manifestó escéptico ante la teoría del hombre: 
   -Discúlpeme que disienta con usted, pero mi difunta madre, Dios la tenga en Su Gloria, era curandera y me enseñó muchos de los secretos del más allá, por lo que algo conozco de estos asuntos- dijo con parsimonia-. Y sé muy bien que los espíritus no se preocupan por la suerte de sus osamentas. Si persisten en esta tierra, es porque algo importante les quedó pendiente y por lo tanto se niegan a marcharse. 
    -Y entonces, ¿qué es lo que cree que sucede con el espíritu de Romualdo? 
    -Traiga un farol y una pala- ordenó decidido Don Luis-. Iremos al bosque y desenterraremos los huesos para averiguar la verdad. 
    El capataz, tragando saliva, asintió. Al rato regresó con lo que su patrón había solicitado, y juntos fueron al bosque. Buscaron el viejo sepulcro, señalado con una cruz desvencijada al pie de unos eucaliptos añosos, y se pusieron a excavar. Al cabo de una hora de duro trabajo, se encontraron con un esqueleto sin cabeza, envuelto en unos harapos roñosos. Don Luis volvió a santiguarse y comenzó a rebuscar entre los restos. Y al rato, de uno de los bolsillos del pantalón podrido del muerto, extrajo un papel recubierto en celofán. Era una carta, y comenzaba así: 
    “Mi querida, mi amada Francisca…” 
    Leyó en voz alta, bajo la luz del farol. Era una desgarradora declaración de amor, escrita por Romualdo. El desafortunado peón estaba perdidamente enamorado de una mujer llamada Francisca Angerama; aparentemente pensaba entregarle la carta el día que murió. Don Luis plegó la carta y se la dio a su capataz. 
     -Éste es el verdadero tormento de Romualdo. Ahora sólo habría que darle la carta a esa tal Francisca, si es que aún vive, y entonces el pobre peón tendrá su merecido descanso. 
    -Yo se la daré- dijo el capataz, guardándose el papel en la camisa. Don Luis le dirigió una mirada de sorpresa. 
     -¿Usted conoce a la mujer? 
    -Claro- dijo el capataz, y esbozó una sonrisa melancólica-. Francisca es mi esposa. 
    Esa misma noche dejó la carta bajo la almohada de su mujer, y desde entonces el espíritu de Romualdo no volvió a verse en los alrededores.

miércoles, 29 de junio de 2016

EL AVISO


Con las ultimas luces de la tarde mi hermano gemelo y yo arribábamos después de un largo viaje a la mansión de nuestro abuelo. Hacia mucho tiempo que lo no lo veíamos, mas precisamente desde que nos enviaran a Londres a completar la secundaria. Sabíamos de su grave estado de salud y que por esa causa nos encontrábamos de regreso. Pese al esmerado cuidado de su médico de cabecera, su estado era sumamente delicado y ante el inminente desenlace la familia había enviado por nosotros, para que estuviéramos en el momento que dejara el mundo de los vivos y nos despidiéramos de él. Al girar un recodo del sinuoso camino la figura de la imponente mansión se apareció de repente ante nuestros ojos envuelta como en una especie de halo misterioso y fantasmal. Puedo jurar que nos invadió una sensación de estremecimiento simultáneo en la piel al contemplarla. Después de los saludos de rigor, de las presentaciones y de compartir un par de horas con nuestro abuelo que por suerte aun pudo reconocernos, nos aprestamos a la tarea de acomodar nuestros equipajes en una de las habitaciones que nos fue asignada. Deambular por los corredores de la increíble mansión nos tenía de lo más excitados.El tiempo se nos paso volando y luego de la cena nos retiramos a nuestro cuarto a descansar. La enorme habitación y su antiguo moblaje se nos antojó salida de un cuento de espíritus o de brujas. Pasada la medianoche nos despertó la voz de alguien que parecía encontrase detrás de los ventanales. Nos levantamos presos de la curiosidad y apartamos el pesado cortinaje. A la luz de la luna menguante pudimos divisar la figura de una mujer, vestida con una especie de rara túnica, con el pelo rojo semioculto por una manta y el rostro pálido, cadavérico, las cuencas vacías emitiendo dos puntos de luz y unos labios desencajados que nos susurraba en un sonido gutural, como jamás habíamos antes escuchado: "Una araña...una araña...una araña"...Y a continuación, con un lamento estertoroso, más gemido que aliento, desapareció entre los setos que bordeaban la mansión perdiéndose en las sombras de la noche.




Estábamos tan asustados que se nos pusieron los pelos de punta. Superado el primer instante de inmovilidad, corrimos a la habitación de nuestros padres y los despertamos, contándoles lo que nos había pasado. Tratando de mantener la calma ellos nos explicaron que, en la región existía una mujer a la que llamaban La Banshee, una especie de hada maligna que venía a las ventanas de las casas a advertir de la muerte de algún familiar. Demás esta decir que nadie pudo dormir el resto de la noche, porque los sonidos que invadían el silencio nocturno, como lúgubres lamentos y susurros se extendieron hasta el alba. Las extrañas palabras balbuceadas por el espectro aun retumbaban en nuestras mentes...
En la mañana todos los habitantes de la mansión nos encontramos en la mesa del desayuno arrastrando unas violáceas y pesadas ojeras. En el enorme salón solo retumbaban los comentarios sobre lo vivido apenas unas horas antes. Todos estábamos convencidos de que si ese espíritu de la Banshee había golpeado en los ventanales y proferido sus largos lamentos, era porque las horas de nuestro abuelo estaban ya agotadas. Ninguno de los presentes pudo describir en los siguientes minutos sobre cómo se sucedieron los hechos. Una especie de extraña vibración, un sonido proveniente desde lo más profundo de la tierra pareció surgir e invadir el espacio de la sala. Un eco sordo, lejano, una sensación de pesadez en el cuerpo...el balanceo de las tenues luces colgando desde el cielo raso de la estancia... como en un pendular hipnóptico las gigantescas arañas meciéndose enigmáticas...un crujido...y la muerte anunciada acababa de llegar...En un instante fatal el cuerpo de mi hermano, como una visión fatídica yacía atrapado bajo el pesado ornamento de metal semejante a un enorme arácnido que se descolgó del techo.



lunes, 27 de junio de 2016

CARRETERAS MALDITAS


Siempre me gustaron las historias de miedo, las leyendas urbanas, los seres de la noche, y los demás entes sobrenaturales. En los estrenos del cine de terror ahí estaba yo, como siempre sentada en las primeras butacas de la sala mas cercana. Pero en un principio pensaba para mí, que el mundo de los espantos y la ficción de los guiones del séptimo arte, solo existían o eran creados para estimular la adrenalina en los adolescentes o elevar las taquillas y la magia de Hollywood. Hasta que un toque del destino me alertó de que no todo es una ficción, de que hay algo más que ronda nuestro espacio de simples mortales, que no estamos solos. De ahí que decidí hacer mi blog, porque considero que hay experiencias que merecen darse a conocer al mundo. Es verdad que soy miedosa, pero lejos de ponerme a dormir acompañada de crucifico, cabezas de ajo, estacas en el armario y balas de plata descansando en un cajón de mi escritorio, decidí compartir mi espanto con aquellas personas que en su interior tienen guardadas y creen en estas inenarrables experiencias. El miedo es algo natural en los seres humanos, todos tenemos nuestro lado de flaqueza, fobias o como les llamen. Y aunque no me crean, lo que mas terror me causó en la vida, fue una tierna niñita. Paso a continuación a relatarles mi mayor historia de miedo, esa que me llevó a querer crear este blog con el nombre de: SeNsAcIoNeS En La OsCuRiDaD.
Pasada la medianoche de un sábado, mi grupo de amigos (éramos cinco entre chicas y chicos) y yo llegábamos a una afamada disco de la región, con el propósito de pasar un buen rato de alegrìas, música y tragos. Estábamos en esa edad en la que nadie nos reprochaba nuestras locuras de juventud.Teníamos la precausión de llevar con nosotros a Fito, un muchacho que era abstemio y nos servía de chofer para el regreso a casa, casi al amanecer del nuevo día, cuando más de uno de mis compañeros yacían mas borrachos que una cuba. El coche, que en el viaje de ida iba abarrotado, a la vuelta presentaba su habitáculo mas que holgado, ya que siempre uno o dos de sus ocupantes varones eran presas de seductoras muchachas con las que se perdían de vista a la salida del local. Se que hay estadios, zonas, o sectores en los que sin saberlo, muestra existencia cohabita con espíritus, o formas de energía desconocidas que moran en otro universo, paralelo quizás, pero que en ocasiones logran franquear la delgada barrera que nos separa, atraviesan el portal hacia nuestra dimensión y se nos manifiestan en diversas formas espectrales.
Este ente, representado en forma de niña que tuve ente mí, no era un fantasma común...como los que suele aparecerse a los conductores solitarios, o aquellos que, como nosotros regresaban de madrugada luego de una noche de disco, fume y alcohol. Por ejemplo, cuando aparcaban su auto o camión a un lado de la carretera por que deciden hacer un alto o simplemente admirar el paisaje y estirar las piernas...la pregunta muy común que se hacen estos desafortunados que aún hoy se topan con estos entes es...y..¿¿¿ de donde salio esta niña??? ya que hasta donde alcanza la vista no hay ni una casa ni tampoco una señal de vida, todo es llano, cerros, pastisales y páramos desolados al costado de la cinta asfáltica....ahí es cuando el miedo se nos presenta...y quizás nunca se obtengan respuestas.
Pero yo sí las tuve, y fueron en verdad escalofriantes.
Diez kilómetros antes de arribar a nuestro pueblo, le pedí a Fito que se detuviera al borde de la ruta, pues necesitaba movilizar mis piernas. Una de mis amigas yacía  dormida, desparramada en el asiento trasero del auto. Con el afán también de aspirar el aire puro y fresco, caminé sobre la carretera algunos metros y me sumergí entre los húmedos pastizales de la banquina. Dicen algunos que la hora más oscura es aquella que precede a la luz del alba, y debe ser cierto, pues la oscuridad era total. Solo los faros del automóvil eran la única iluminación en ese enorme espacio abierto. Al retornar al coche a contraluz de los faros se me presentó de pronto la figura de una chica, su vestido blanco translucía y hacia más aterradora su súbita aparición. Al acercarme pude distinguir su rostro de niña y una extraña luz en sus ojos. Me detuve en seco al ver el rostro desencajado de Fito que me hacia señales de que subiera al coche de inmediato. Como adivinando mi intención de regresar al automóvil, la niña se aproximó hacia mí y me tomo de la mano. Una gélida sensación me corrió por el brazo al notar el helado contacto. "Ven conmigo" , me dijo mientras me arrastraba con ella y me señalaba hacia el costado de la ruta. Fito descendió en ese momento del coche y con desesperación me pedía que me apartara de la criatura. Pero eso era algo imposible para mí, y solo me dejaba llevar calladamente, sin poder articular palabra. Como si un poder extraño se hubiera apoderado de mi voluntad, me dejé arrastrar por la niña hacia la banquina, descendimos  y nos perdimos entre la maleza que bordeaba el lugar. Fito venia unos pasos detrás y continuaba clamando para que volviéramos al vehículo. De pronto ante nosotros, entre los matorrales se vieron las luces de un coche que yacía dado vuelta ruedas para arriba, y pude escuchar el gemido de algunas personas atrapadas dentro del habitáculo destrozado, en el que seguro era un accidente ocurrido apenas unos minutos antes. Mientras mi amigo llamaba una ambulancia desde su celular, yo me aboqué a la tarea de rescatar a dos niños que estaban en el asiento trasero amarrados a los cinturones de seguridad, mientras que en la parte delantera del lado del volante el cuerpo de una mujer con el rostro desfigurado parecía sin vida. Logramos junto a Fito rescatar a los chicos y media hora más tarde el cadáver de la infortunada mujer era extraído de entre los hierros retorcidos por personal de bomberos. Un echo relevante aconteció luego, al momento de abandonar el lugar del siniestro al descubrir que la niña que nos había llevado hasta el coche había desaparecido sin dejar huellas. En medio del nerviocismo de la escena y la premura de socorrer a los niños, nos habíamos olvidado de ella. Pero por mas que la buscamos en ese amanecer jamás la encontramos. Afortunadamente el estado de los menores no revestía gravedad y el accidente se habría producido porque la mujer se había quedado dormida. Al tratarse de un echo que nos había tocado de cerca, dos días después nos encontrábamos acompañando el cortejo fúnebre hacia el cementerio donde sepultarían a la única víctima del accidente. Al llegar al mausoleo familiar que seria su última morada, ocurrió algo que me helaría la sangre. La foto de una niña que yacía sepultada en una de las bóvedas de ese panteón, tenía el mismo rostro que la criatura que me había tomado de la mano aquella madrugada. Luego de superar el momento de gran conmoción, pregunté por ella a uno de sus familiares, y éste me respondió que llevaba dos años de muerta y era la primogénita de la mujer que muriera en el accidente.


domingo, 26 de junio de 2016

LA PROMESA

_Siempre te amare, soy solo tuya...

_Ahora se que sí, mi niña...un día volveré y te buscare...perdóname...

_Y yo te esperare, aquí...

_Te lo juro por lo que mas quiero, y lo que más quiero eres tú...volveré.


Diez años después.

El aire fresco me toca la cara, es una caricia, me siento como un pájaro al que abrieron la puerta de su jaula, al fin soy libre. Me espera un largo camino. La sangre dispara por mis venas como un rayo en una noche tormentosa.

No creas que olvidé mi promesa. Lo que me ayudo a sobrevivir en todo este tiempo fue el recuerdo de tu perfume a rosas invadiendo mis sentidos, el sonido de tu risa cristalina...tu rostro...el amor en tus labios pronunciando mi nombre...el color de tus ojos.

Al fin hoy podré cumplir con mi juramento. He estado soñando con este momento por mucho tiempo. He guardado en mi memoria cada centímetro de tu piel, y en mi retinas la imagen de tu carita angelical.

Ir a buscarte y estar tu y yo juntos para siempre ha sido la razón de mi vivir...mi anhelo mas sagrado...

Se que me esperas, se que has estado preparándote para estar mas bella que nunca para mí...por nuestro sueño...nuestro juramento de amor.

La felicidad era como un claro espejo en mis días...y lo destruí..pero al fin hoy he regresado y lo podremos reparar juntos.

Se que no he sido el hombre perfecto... se que has llorado muchas veces por mi. Se que me has perdonado mas de una vez.

Pero aquí estoy, a punto de llamar a tu puerta después de un largo tiempo. Y soy feliz de saber que aun me esperas. He comprado unas flores muy bellas para ti, aspiro su fragancia pero...nada...nada se compara con la tuya.


Ya casi estoy llegando...la luna misteriosa es testigo de que vengo a buscarte como un día te lo prometí.

Cantan los grillos, suena la brisa como en cuerdas de violines. De repente se rompe el concierto en el escenario oscuro de la noche, cuando tembloroso introduzco la llave en la cerradura de tu puerta. Crujen las visagras...

_Hola amor, he venido por ti.

Nadie me responde. Pasan unos segundos y me adentro en la penumbra que me rodea.

Un frió mortal de mármoles me da la bienvenida...solo eso....es que estoy en la ciudad de las cruces...la zona muerta, en un triste mausoléo.

Abro mi mochila... sé que aun no me escuchas.. pero debo actuar rápidamente... debo llevarte conmigo como te lo prometí.

Extraigo un martillo y un cortafierros

_He venido a liberarte para que estés conmigo por la eternidad, ¿ lo recuerdas?

_Si mi amor, se que si...ya te siento...Al fin has llegado...
Tac tac...el martillo...y la ganzúa se abre camino entre la madera y los metales...y al fin te veo.

Tan hermosa como siempre. Nuestro juramento al fin se ha hecho realidad.
_¿Vienes conmigo a pesar de todo?

_Si, mi amor...como aquella ves lo prometí...

Salimos a la noche, la luna con una sonrisa cómplice nos mira silenciosa. Comprende el ritual...nos deja partir en silencio.

Te llevo en mis brazos hacia ese lugar que tu ya sabes...te llevo, mi amor...y estaremos juntos para siempre...





sábado, 25 de junio de 2016

ALBA Y ALEXANDRA


Esta historia me la contó mi abuela Alba. Ocurrió en 1950. Ella era descendiente de españoles y nunca la pudo olvidar. Me contaba que tenía siete años, y vivían en un suburbio de Madrid. Apenas unos pocos años después de la segunda guerra mundial. Europa estaba aun en ruinas. Me narraba que un día estaba ella jugando en la callejuela frente de su casa, cuando una niña rubia se le acercó.
Tenía un vestido blanco, como de fiesta muy bonito, pero se veía amarillento y sucio. La niña le preguntó a mi abuela Alba si podía jugar con ella, y era una niña tan bonita y dulce, que aunque mi abuela nunca antes la había visto, como todos los niños, con sus código, ni siquiera le hizo falta responder, porque de pronto estaban las dos muy ensimismadas en sus juegos. Se quedaban juntas durante horas, hasta que la madre de mi abuela que era modista y se llamaba Lola la instaba a entrar en la casa. Varios días transcurrieron. A la media tarde siempre llegaba esa niña rubia a jugar en la callejuela con mi abuela. ... Alba siempre le contaba a su madre de esa hermosa niña, hasta que un día Lola decidió abandonar sus costuras un momento y salir a conocer a la compañerita de juegos de su hija. La vio con su vestidito blanco y amarillento, llevaba sus zapatitos sucios , su carita entierrada y su pelo desaliñado. Pensó que tal ves era hija de algún hombre que huyó de la miseria de la guerra, por lo tanto buscó en los cajones ropa de su hija, y con paciencia se dispuso a cocerle un nuevo vestido. Un día la invito a entrar en la casa, le preguntó su nombre y la pequeña le respondió Alexandra. Le dio un baño con mucha ternura, le puso la ropa que había cosido para ella y mientras unas zapatillas que habían pertenecido a su hija Alba, recién aseadas se secaban al sol, le ofreció una suculenta merienda, que la niña devoró con placer.
Lavó sus ropitas y las secó con la plancha, las puso en un bolso y se lo entregó a la pequeña Alexandra cuando decidió marcharse.
Transcurrieron unos días, y la madre noto que la niña retornaba cada día al callejón de la misma manera en que la vio por primera ves, con su vestido amarillento y sus zapatos viejos. Pensó que tal vez sus padres se molestaban por lo que ella le daba por caridad, por lo que dejo de darle vestidos y zapatillas. Hasta que de un día para otro esa niña nunca más regresó. Mi abuela Alba me contaba que pasaba mucho tiempo en las tardes esperado a su pequeña amiga Alexandra. Pero todo fue en vano. Nunca volvió a verla. Su madre se paseó por el pueblo averiguando entre los vecinos, si existía alguna niña con las características y el nombre de la pequeña Alexandra, pero todos le respondían que jamás vieron una niña de la edad y los rasgos de la amiguita de su hija y que nunca vieron arribar al pueblo una familia que pudiera ser relacionada con la pequeña rubia. Al cabo de un año, la misma niña rubia, con su vestido amarillento y la cara sucia golpeo la puerta de la casa de Alba. Le dio un beso en la mejilla, y salió corriendo por la calle diciendo adiós con su manita, y esa fue la última vez que Alba la pudo ver.
En el mundo de hoy flotan teorías de universos paralelos, los entes fantasmales se estudian en las universidades, los fenómenos poltergeist y el poder de la mente desafían a la ciencia.
¿Tal vez sea alguna de estas manifestaciones paranormales las que se puedan aplicar a esta historia de una niña que apareció de la nada y desapareció tal como llegó una tarde?
¿Tú qué opinas?